Probamos el Samsung Galaxy Note 20 Ultra: una bala de plata contra Apple y Huawei

Hace unos años el apellido “Plus” empezó a inundar el mercado de la telefonía. Era un término ambiguo que hacía referencia en ocasiones al tamaño pero también se ha empleado para designar a los modelos de mayores prestaciones. “Ultra” es el invento de Samsung para demostrar su poderío en el sector y seguir en la batalla contra Apple y Huawei, sus principales rivales. Se sumerge ahora en el Galaxy Note 20 Ultra, un potente terminal de corte continuista que apuesta por el rendimiento, el distintivo lápiz óptico y una cámara evolucionada.

Lo primero que llama la atención es su diseño. Sobrio y elegante. Es una de sus mejores virtudes. Y más en el nuevo color bronce. Mirado de frente, apenas ha modificado su aspecto. Donde sí que ha evolucionado estéticamente es en la parte trasera, donde se ubica una cámara cuádruple de la que más tarde hablaremos de ella. Es un módulo heredado del anterior Galaxy S20 Ultra, del que toma prestados otros muchos elementos. Bien construido, presenta unos acabados ejecutados correctamente.

Es un buque insignia y se nota en todos los aspectos externos. Su pantalla, ligeramente más grande que el modelo anterior, tiene unas medidas monstruosas, 6.9 pulgadas. Es un mamotreto de cuidado que se escapa ligeramente de los bolsillos de los pantalones. No es para aquellos usuarios que gustan de móviles compactos y manejables. Esto es otra cosa y no oculta sus intenciones. Es grande y punto. Controlarlo con una sola mano es muy complicado.

Su resolución es impecable. Ofrece 3.088 x 1.440 píxeles (WQHD+, en el argot informático), pero quizás es algo innecesario porque la resolución estándar (2.316 x 1.080 p) sobra y requetesobra. Es más que suficiente y, además, ahorra batería. El panel es marca de la casa: Dynamic Amoled x2 es su nombre.

El resultado es una gran calidad a la hora de reproducir contenidos. Es, sin duda, una de las mejores pantallas del mercado, que se ha visto reforzada además con la incorporación de una tasa de actualización de 120 Hz. Para los juegos móviles representa un gran salto cualitativo. Pero tiene una contrapartida: si se opta por la máxima resolución no es posible activar esa velocidad de refresco. Da la sensación que en condiciones de mucha iluminación la pantalla se aprecia demasiado oscura.

Una cámara bastante familiar
La última joya de la corona del catálogo de la firma surcoreana destaca especialmente por otras capacidades: integra un set de fotografía muy completo. Es herencia recibida directamente de la familia “Galaxy S”. En realidad son cuatro los sensores. Una lente principal de 108 megapíxeles con un objetivo muy luminoso (F1.8) consigue escenas fantásticas. Es versátil y permite ajustar algunos parámetros como el diafragma para equilibrar las luces y sombras. Es más importante de esta configuración que se ha popularizado en el último año.

Le acompaña un telefoto de 12 megapíxeles (F3.0). La cámara se ha enriquecido con un zoom que arranca en dos aumentos y que logra extenderse hasta un 50x digital, aunque muy sufridor. Es una de las capacidades más controvertidas porque genera mucho ruido y requiere de un soporte para evitar cualquier movimiento que emborrone las imágenes capturadas. Lo más sensato, quizás, es contentarse y sacarle partido al zoom 5x óptico (sin pérdidas), bastante juguetón.

Un gran angular de 12 megapíxeles (F2.2) también da bastante juego si el usuario tiene maña con la fotografía porque en ciertas escenas consigue un buen efecto. Se refuerza todo el apartado fotográfico con un láser de enfoque automático. Todos estos sensores se encuentran agolpados en un módulo trasero bastante prominente del que uno sufre si no le pone carcasa porque va a temer porque se ralle, aunque la marca lo ha reforzado con un cristal Gorilla Glass 6 que promete una gran protección. Se ha cambiado el enfoque automático para que sea más rápido, pero durante las pruebas en ocasiones ha sido algo inestable.

Potencia para rato pero un viejo conocido
Internamente todo son halagos. No se le pueden achacar muchos “peros”. Quizás el único es si debería haber llegado con un chip más avanzado porque es el mismo que se encuentra en el Galaxy S20 Ultra: el Exynos 990. No decepciona pero es algo ya familiar. Funciona de manera solvente y es una verdadera apuesta por el rendimiento. El “smartphone” apenas sufre alteraciones, gestiona todas las actividades del usuario de manera brillante. También es cierto que sus 12 GB de memoria RAM (8 GB en la versión con conexión 4G) es una parte de su secreto. Ni corto ni perezoso, logra un notable desempeño del que apenas habrá quejas. Y es lo que verdaderamente importa porque es una garantía de que no se va a colgar.

La familia Note, por lo general, ha sido durante años un laboratorio de experimentación para Samsung. Aunque queda lejos ya aquel modelo de las baterías incendiarias, el tiempo ha transcurrido y el gigante de la tecnología ha sabido recomponerse. Este modelo peca de conservadurismo pero mantiene un elemento distintivo: el lápiz óptico S Pen. Es un accesorio imprescindible. Permite realizar múltiples tareas como bosquejar, dibujar, diseñar, crear presentaciones fácilmente.

Una varita mágica
Aquellos usuarios que tengan un don con la creatividad pueden crear contenidos muy profesionales. Se ha incorporado algunos gestos adicionales para que funcione como una varita mágica. Hay que aprenderlos previamente y sirve para algunas tareas como abrir la cámara, pasar páginas o bajar el volumen. Estas funcionalidades ya estaban presentes en el anterior modelo en un intento por mejorar la experiencia de usuario. Lo que se pretende con estas funciones es hacer un control por gestos a través del lápiz óptico. Es complicado a veces encontrarle una justificación, porque lo más seguro es que el usuario medio apenas les dé uso en su vida diaria.

Sobre sus capacidades, pocas pegas tampoco. Funciona de manera fluida y tiene una gran sensibilidad. El tiempo de respuesta es fantástico para poder dibujar con precisión. Va ligeramente más rápido que el modelo “normal”. Mantiene, además, el módulo de accesos directos de algunas funciones como la traducción instantánea (muy útil, la verdad), la captura inteligente, creación de notas, mensajes animados o un editor de dibujo bastante básico. Estas opciones se activan cuando se extrae el S Pen. Que, por cierto, extrañamente se ha desplazado al lado izquierdo y quizás es algo menos intuitivo que anteriores ocasiones. En este terreno es donde muestra sus cualidades y se exhibe como un terminal distinto al del resto de rivales.

Otro aspecto interesante es su potente batería. Es más grande que la del modelo de anterior (4.500 mAh), con lo que su autonomía se puede extender a dos días perfectamente. Es compatible con carga inalámbrica y dispone de una función ya popularizada por la marca que es la carga inversa, es decir, permite cargar otros productos como un reloj inteligente o los auriculares inalámbricos Galaxy Buds Live, que también debutan con el Note 20 y que llamarán a la puerta de los consumidores porque hay un aspecto que no pasa por alto: no trae auriculares.

Ficha técnica
Pantalla
6.9 pulgadas
Resolución
3.088×1.440 pixeles
Chip
Exynos 990
RAM
8/12 GB
Memoria
128/512 GB
Cámara
108 megapixeles (F1.8) + telefoto de 12MP (F3.0) + gran angular de 12 megapixeles (F2.2) + láser de enfoque automático y frontal de 10 megapíxeles
Dimensiones
164.8×77.2×8.1mm
Peso
208 gramos
Batería
4.500 mAh
SO
Android 10
Precio
Desde 1.309 euros
Además, su sistema de carga rápida es muy útil porque en cincuenta minutos tienes prácticamente la batería recargada. Y eso, que no es compatible con la carga rápida de 45 W. Pero la que trae el cargador es, sin lugar a dudas, una delicia en los tiempos que corren. Eso sí, como sucede en muchos terminales de Samsung, en un uso intensivo se calienta bastante. La calidad de audio suele pasarse por alto muchas veces en los teléfonos móviles. Pero en este caso se incorpora dos potentes altavoces que generan sonido estéreo de gran nitidez. Entre otros aspectos interesantes está el ecosistema DeX: desde ahora se puede conectar de manera inalámbrica a un ordenador para convertir al Note 20 Ultra en una especie de portátil. Tiene margen de mejora pero es bastante útil.

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