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Pulso sin tregua en Bulgaria entre el Gobierno pro-europeo y el rusófilo jefe del Estado

Se cumplen casi dos meses de protestas de quienes piden la dimisión del primer ministro Boiko Borisov, líder del partido de centroderecha GERB, y la del Fiscal General. Hasta el momento, no se han producido incidentes de mayor gravedad tal como suponían algunos observadores; incluso la intensidad de las protestas ha disminuido notoriamente.

Desde hace varios días en Sofía también hay «contraprotestas» frente al Palacio Nacional de la Cultura –edificio emblemático de la capital– que exigen la dimisión de presidente Rumen Radev y la desaparición de las carpas que mantienen bloqueados tres cruces muy importantes de la capital.

El martes de la semana pasada trascendió que el ministro de Justicia, Danail Kirilov, decidió presentar su dimisión.
Los socialistas reaccionaron
afirmando que no necesitan la dimisión de un miembro del Ejecutivo, sino de todo el Gabinete Borisov. Esta dimisión «sólo sirve para insuflar un soplo de vida al Gobierno un día más», afirmaron en la sede socialista. El exministro de Justicia, Jristo Ivanov, adversario furibundo del actual Gobierno, manifestó al respecto: «Lo que ocurre es que un ministro incapaz fue arrasado por su propia incapacidad».

Los que más destacan por su apoyo a las protestas son algunos políticos fracasados –Jristo Ivanov entre ellos–, que intentan hacerse con el poder, pero no a través de elecciones democráticas que deben celebrarse en marzo de 2021, sino entrando por la puerta de atrás en un futuro Gobierno.

No cabe duda de que quien encendió la antorcha que desembocó en estas protestas, fue el presidente Radev, rusófilo a ultranza, nominado en su momento por el partido socialista, que, en vez de asumir el papel de unificador del país, no cesa en sus continuos ataques al Gobierno. Desde el primer día de las protestas vimos a un Radev arengando a los amotinados, con el puño alzado al estilo de los antiguos partizani [guerrilleros]; sólo le faltaba el kalashnikov al hombro. Consecuente con su actitud de ataques continuos al Gobierno legítimo de Borisov, el jefe de estado volvió a montar en cólera cuando la Fiscalía General detuvo a dos de los consejeros presidenciales en sus propios despachos, bajo la acusación de tráfico de influencias, uno de ellos intercediendo a favor de un ciudadano ruso que resultó pertenecer a los servicios secretos de ese país, para que obtuviera pasaporte búlgaro, solicitud ya denegada anteriormente.

En un momento en que las autoridades prorrogan el estado de emergencia sanitaria hasta finales de septiembre por los nuevos rebrotes de coronavirus, cabe preguntar cómo es posible que a nadie preocupe la aglomeración de tantas personas, sin guardar la mínima distancia requerida, que permanecen en sus carpas o sentados en sillas plegables, durmiendo en colchonetas sobre el asfalto, algunos paseando y otros disfrutando de sus patinetes, mientras que la gran parte de la población de la urbe sufre las consecuencias de una ciudad colapsada por un grupo que no tienen más horizontes que vociferar cansinamente «ostavka» [dimisión], pero sin tener, ni ofrecer soluciones o programas concretos.

Como contrapunto a estas protestas, el primer ministro búlgaro puede presumir de haber recibido en las últimas semanas el apoyo de diversas instituciones europeas en su lucha contra la corrupción y en la gestión del país. Como miembro del Partido Popular Europeo, el pasado 10 de julio Manfred Webber, su presidente, hizo pública una carta para mostrar el apoyo de la familia conservadora europea a Borisov en su lucha contra la corrupción. En la cumbre recientemente celebrada de la UE, el jefe del Ejecutivo ha podido volver a Sofía como uno de los grandes vencedores con el compromiso de ayuda de 29.000 millones de euros con los que el país podrá encarar la dificilísima situación económica desatada por el coronavirus, y como un aval a la política económica que ha desarrollado su Gobierno. Este hecho de tan gran trascendencia para Bulgaria no sólo fue ignorado por el presidente Radev, sino que ese mismo día volvió a sus consabidos ataques al gobierno.

Aunque la intensidad de las protestas no tuvo ayer el seguimiento que se esperaba, los organizadores de las protestas ya han anunciado para mañana, día en que el Parlamento renueva sus actividades, nuevas y espectaculares actuaciones de protesta.
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