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Redada antiterrorista en Alemania contra islamistas vinculados al atentado de Viena

Las fuerzas de seguridad alemanas han llevado a cabo esta madrugada una redada, con registros simultáneos en apartamentos y locales comerciales de cuatro personas en Baja Sajonia, Hesse y Schleswig-Holstein, relacionados con el reciente atentado de Viena, en el que hubo cuatro víctimas mortales. La Oficina Federal de Policía Criminal ha confirmado en Twitter la operación y ha aclarado posteriormente que las cuatro personas no son sospechosas, pero hay indicios de que mantuvieron conexiones con el presunto asesino. «Las órdenes de registro correspondientes se obtuvieron el 5 de noviembre del juez de instrucción del Tribunal Federal de Justicia sobre la base de los hallazgos que habían sido transmitidos por el poder judicial austriaco a las autoridades de procesamiento penal alemanas», explica la BKA.

Según una información del semanario alemán «Der Spiegel», los dos islamistas de Baja Sajonia cuyo domicilio ha sido registrado visitaron al terrorista durante varios días en el mes de julio, en su apartamento en Austria, y las fuerzas de seguridad austriacas han notificado acerca de esa reunión.

Radicalizado en la cárcel
A medida que avanza la investigación y además de la «cadena de errores» que el Gobierno austriaco ha reconocido, comienza a perfilarse el papel radicalizador que la cárcel jugó en la convicción yihadista del asesino de Viena, Kujtim Fejzulai. Por haber intentado viajar a Siria, había sido condenado en abril de 2019 a 22 meses de cárcel. Aunque logró salir en diciembre por su participación voluntaria en un curso de «desradicalización» en el que, como resulta ahora evidente, engañó a los responsables acerca de su abandono del yihadismo, los meses previos sirvieron para reconfirmar sus intenciones e incluso agravarlas.

No es un caso aislado. Las cárceles europeas se han convertido en un foco de expansión del yihadismo en el que los presos más jóvenes, en la condición vulnerable de presos recién llegados, reciben a menudo protección de predicadores internos y son sometidos a un intenso adoctrinamiento, como ha confirmado el ex convicto Ali, de 34 años, un afgano que en prisión se dejó crecer la barba, cortó lazos de comunicación con su familia y escuchó a diario que «debes preocuparte por la sentencia de Alá, no por la sentencia de los hombres». «La cárcel es el mejor lugar para manipular a las personas, ningun protección constitucional, ni policía ni servicios sociales pueden controlar eso, los desborda», ha relatado Ali después de un proceso de «desradicalización».

Husamuddin Meyer, que ha pasado por la prisión de Wiesbaden, en Alemania, asiente acerca de que «los salafistas son buenos trabajadores sociales, se ocupan con mucho mimo de los recién llegados, y eso crea una situación de dependencia». Estos dos musulmanes participan en Alemania en programas de acompañamiento y prevención de la violencia a jóvenes ex convictos o que cumplen condena y a los que las autoridades consideran en riesgo de caer en las redes de predicadores yihadistas.

Centeranes fichados
A principios de septiembre, las fuerzas de seguridad alemanas tenían fichados a 627 potenciales terroristas, pero su vigilancia no siempre garantizarse. Uno de ellos fue el sirio Abdullah al-H., de 20 años, que agredió a una pareja homosexual con un cuchillo de cocina el 4 de octubre en Dresde. Una de las víctimas resultó gravemente herida, la otra murió poco después a causa de las heridas. Y esto sucedió aunque sus movimientos estaban supuestamente monitoreados por la policía.

Las autoridades alemanas consideran que el nivel de amenaza es «constantemente alto». El informe de 2019 de la agencia de inteligencia nacional, BfV, emitido en julio de 2020, se refiere a varios planes frustrados de ataques que atestiguan el potencial de terrorismo en el país. El servicio de inteligencia nacional advierte que una gran amenaza proviene de «asaltantes individuales inspirados en organizaciones terroristas», que son especialmente difíciles de identificar de antemano. En el lenguaje burocrático estos prototerroristas son definidos como «una persona afín a grupos terroristas sobre la que ciertos hechos indican que es seguro asumir que él o ella cometerá un crimen de considerable importancia por motivos políticos o religiosos» y legalmente quedan en un terreno de nadie, todavía no delincuentes pero tampoco ciudadanos inocentes con todos sus derechos civiles. No pueden ser arrestados a menos que sean sospechosos de haber cometido o se pueda probar que conspiran para cometer un delito. Está prohibido, por ejemplo, «preparar o apoyar un delito que represente una grave amenaza para el estado», pero esa acusación requiere un ingente trabajo previo de vigilancia que a menudo se hace en vano.

«Pueden ser líderes, partidarios o posibles culpables dentro del espectro terrorista en que se cree que es probable que cometan el delito, financiar o apoyar un ataque terrorista en el futuro. Sin embargo, también pueden ser simplemente compañeros de agitadores o personas que simplemente se asocian con agitadores conocidos», explican fuentes de la BfV. A principios de julio de 2020, de los aproximadamente 300 combatientes islamistas que han regresado a Alemania desde el territorio controlado por Daesh en Siria e Irak, 109 fueron clasificados como agitadores y 90 como «personas relevantes». En total, las autoridades estiman que cerca de 30.000 personas en Alemania son potenciales partidarios del terrorismo islamista. La mayoría de ellos, más de 12.000, son salafistas. Sus círculos constituyen la principal base de apoyo para el yihadismo violento.
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