Política

Sánchez e Iglesias, un año de convivencia con roces de baja intensidad

“Vamos a ver, Pablo. Yo creo que tenemos que formar un Gobierno de coalición para el que cuento contigo como vicepresidente”. Caía la tarde en la Moncloa aquel 11 de noviembre, apenas unas horas después del cierre de las urnas del 10-N. Y esa frase, ese anuncio de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias sentados ambos ante un café, esa aseveración que cambiaba radicalmente las relaciones entre el PSOE y Unidas Podemos, que enterraba una campaña a cara de perro y la pretensión del presidente de gobernar en solitario, aceleró la forja de la alianza de gobierno, la primera en España desde la II República.

Al día siguiente de ese pasaje, que describen María Llapart y José Enrique Monrosi en ‘La coalición frente a la pandemia‘ (Península, 2020), ambos líderes sellaron su acuerdo en el Congreso con un abrazo. Era 12 de noviembre. Hace ahora justo un año. Aún faltarían dos meses para la formación del Ejecutivo bicolor, tras una costosa negociación de investidura con ERC, y casi sin respiro sobrevino la crisis del covid que ha marcado estos primeros 10 meses de vida de un Gabinete con “buena salud de hierro“, tal como valoran socialistas y morados, y que justo este jueves, un año después de aquel abrazo, supera la prueba parlamentaria que le concederá cierta estabilidad: el debate de las enmiendas de totalidad a los Presupuestos de 2021, que serán derrotadas con holgura, con un margen mucho más amplio que el que hizo presidente a Sánchez, por dos votos. 

La convivencia en el Ejecutivo de coalición ha ido pasando por distintas fases. Del buen rollo de las primeras semanas pasó al estallido de la primera disputa, por la ley de libertad sexual —el ‘solo sí es sí’—, y que enfrentó a los ministros morados con la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo. Pero apenas puesta la tirita sobre la herida, el Gobierno se vio desbordado por la ola del covid, abocado a decretar un estado de alarma con confinamiento general y después a paralizar la economía. Decisiones inéditas, durísimas, que también tensionaron al Gabinete por el alcance del escudo social, y que situó en el punto de mira de UP a la vicepresidenta económica, Nadia Calviño

Pero las fricciones más poderosas llegaron a partir del verano. Por los escándalos que se cernían sobre el rey emérito y el abierto choque que Iglesias buscó con la Monarquía

El papel de la oposición

Sin embargo, el choque de mayor calado se produjo a raíz de la negociación de unos Presupuestos de 2021 hormonados con los fondos europeos. Los socialistas veían inmóvil a ERC y querían aprovechar la distensión con Cs, demostrada durante la alarma, para seguir tendiendo puentes. Pero Iglesias insistió en que había que priorizar a la mayoría de investidura y sacar de la ecuación a Inés Arrimadas. De momento, ambos, ERC y Cs, rechazarán las enmiendas de totalidad, pero muy probablemente los naranjas se apeen del barco

La lectura de estos 12 meses transcurridos desde el pacto del abrazo es positiva para los dos socios. No hay visos de ruptura, en modo alguno. Ambos coinciden en que la coalición se ha cohesionado, por el infortunio de una pandemia que ha obligado a apretar los dientes y decidir con celeridad, y por la fiereza de una oposición, la de PP y Vox, que no da tregua. Pero no niegan que son un matrimonio de conveniencia, al que no les une “el amor“, sino la obligación de entenderse.

“Los gobiernos no están hechos para ser de coalición, pero comparándonos con los que no se hablan, como el de PP y Cs en Madrid, lo sobrellevamos con dignidad, no hay problemas estructurales”, afirma un alto cargo de la Moncloa. Él denuncia, como otros mandos socialistas, la “inexperiencia” de los morados, su “obsesión por el foco mediático“, su “activismo”. Pero todos destacan que los canales de interlocución funcionan y eso ayuda a parar los golpes, amén de la buena relación Sánchez-Iglesias. “Se ha hecho un Gobierno que está funcionando mucho mejor de lo que muchos creían. Hay dos partidos que son dos almas y en algunos momentos y algunos temas hay discrepancias y diferentes formas de verlo”, apuntan en Unidas Podemos. Ahora la argamasa son los PGE y el pronóstico es que la coalición, pese a las recurrentes tormentas, durará

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