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Trump escandaliza en la Convención republicana al pedir 12 años más en el poder

Era ya una convención de lo menos convencional posible, ¿por qué no romper aun más los cánones? Y encima con un candidato que no respeta tradición alguna. Donald Trump irrumpió este lunes en la Convención Nacional de su partido para aceptar la nominación de forma informal, porque el discurso oficial llegará el jueves desde la Casa Blanca.

El presidente se desplazó hasta el escenario de Charlotte (Carolina del Norte) ansioso por recuperar la atención de las cámaras que perdió la semana pasada en favor de su rival Joe Biden durante la Convención demócrata. La tradición exige que el candidato acepte el reto de representar al partido en las elecciones de noviembre el último día del gran encuentro nacional, pero en estos tiempos ya no hay sorpresas. Todo está decidido antes de llegar a la Convención. Trump, con su instinto infalible, sabe que se trata más de espolear a las bases, que le recibieron eufóricas al grito de «¡Cuatro años más!». Y a eso el presidente respondió con una provocación: «Si de verdad queréis ponerles de los nervios, pedid 12 años más», les guiñó.

Sabe lo que dice. Poco a poco y desde dentro, el mandatario está desmantelando las garantías democráticas de su país, que eran menos de las que se pensaban, porque todos los presidentes servían a un sistema de transparencia y de honor más por una cuestión moral y ética que por las obligaciones que les impusiera la ley.

Trump opera desde la Casa Blanca como lo hacía al frente de sus negocios inmobiliarios de rascacielos y casinos en la Torre Trump: con un ejército de abogados que se dedica a buscar las lagunas legales para burlar el espíritu de la ley, sin que se le pueda pasar cuenta en los tribunales. Como ejemplo, el presidente dará formalmente su discurso de nominación el jueves desde la Casa Blanca, pese a que la ley estipula una estricta separación de su papel como candidato electoral y el de representante del pueblo. La trampa está en que dará ese discurso desde el Jardín del Este, que forma parte de la residencia privada del presidente.

Kellyanne Conway.

Con el Ejecutivo en manos de un presidente sin escrúpulos y el Legislativo dominado por su partido, más servil que nunca, el verdadero cortafuegos es el sistema judicial, pero incluso en ese el destino proporcionó al magnate la oportunidad de nombrar dos jueces al Supremo al principio de su mandato. Con eso cambió el equilibrio ideológico del máximo tribunal, aunque muchos casos se deciden en los tribunales federales y los de apelación. Por eso su vicepresidente Mike Pence, al que sí tocaba este lunes aceptar la nominación para un segundo mandato, recordó a los delegados del partido que «cuatro años más significa más jueces». Y también «más tropas, más policías y menos corrupto», añadió.

Deserciones

Eso podían ser buenas noticias para la mayoría. Lo preocupante es que se necesitarán «al menos cuatro años más para drenar el pantano», apuntó, recurriendo a uno de los eslogans con los que Trump ganó las elecciones en 2016. Esta semana los republicanos intentarán dibujar al ex vicepresidente Joe Biden, que lleva más de medio siglo en política, como uno de los máximos representantes de ese pantano de políticos profesionales. Para eso cuenta con el inestimable papel de Hunter Biden, que cobraba de la empresa energética extranjera Burisma más de 50.000 dólares (42.000 euros) al mes por figurar en el consejo de dirección, mientras su padre estaba a cargo de la política de EE UU para Ucrania.

Kellyanne Conway, una de las asesoras más leales del presidente, abandona el cargo por «motivos familiares»

Hay muchas grietas en la formación conservadora. La última disidencia llegó este lunes de la mano de una de las asesoras más leales del presidente, Kellyanne Conway, que ha tenido que enfrentar en el ámbito público la discrepancia de opiniones de su familia. Su marido, republicano de toda la vida, aboga públicamente en contra de Trump, mientras su mujer lo tiene que defender en los medios de comunicación como su asesora de comunicación. Y su hija Claudia, de 15 años, pide la emancipación en las redes sociales, donde ventila los problemas domésticos ante sus 600.000 seguidores de TikTok.

Si alguien tenía «motivos familiares» para dejar el cargo era Kellyanne Conway, pero también los legisladores de la familia republicana que esta semana hablan en contra el presidente, mientras el partido intenta cerrar filas para seguir en el poder cuatro años más. O los que sean.

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