Trump o Biden: Un tablero mundial peligroso gane quien gane

Una victoria de Joe Biden devolvería a EEUU al centro del tablero de 2016. El único problema es que ese tablero ya no existe. El juego ha cambiado. En cuatro años, Donald Trump ha destruido el mundo complejo de equilibrios que surgió de la segunda guerra mundial. Ha sacado a su país del pacto nuclear con Irán y de los acuerdos de París para frenar la crisis climática. En este tiempo ha repartido desplantes entre todos los líderes europeos. Tiene inquina a Angela Merkel y a Emmanuel Macron. De su imitador, Boris Johnson, debe conservar una pobre impresión porque es demasiado culto, y se le nota. Él prefiere tratar con autócratas como Vladimir Putin y dictadores como Kim Jong-un.

Si ganara Trump tendríamos más de lo mismo, pero tampoco es seguro que las reglas de su juego vayan a sobrevivir a la pandemia. Entramos en un mundo de neblinas e incertidumbres, un espacio peligroso porque fomenta el miedo, multiplica los discursos de odio y genera conflictos.

Entramos en un mundo de neblinas e incertidumbres, un espacio que fomenta el miedo y multiplica el odio

Trump no es un belicista, pese a que arrastre la etiqueta de matón. Se trata de un empresario inmobiliario que desea alcanzar el mejor acuerdo para sus intereses. Su estilo no consiste en bombardear el edificio que desea comprar. Juega con los límites, como lo hacía la Mafia en las películas de ‘El Padrino’ de Francis Ford Coppola. Es un presidente maleducado que quebrado las normas de comportamiento del cargo. Ni siquiera se molesta en disimular.

Ni estrategia ni objetivos

El principal inconveniente de Trump es que no tiene otro plan que satisfacerse a sí mismo. Es un tipo voraz e impredecible. No hay estrategia ni objetivos fuera del ego. Pese a todo, existen algunas pistas de cómo podría ser su actuación en un segundo mandato y cómo afectaría a las relaciones internacionales.

Ha creado la sensación de que defiende su país, el America First, su promesa electoral estrella, gracias a la guerra comercial con China. También endureció su política con Cuba y trasladó su embajada a Jerusalén, un símbolo de lo que vino después: el abandono de los palestinos y la renuncia a la aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Está cerca de completar otra promesa con la retirada de Afganistán, entregada a su suerte y a los talibanes.

Compró la tesis de los halcones, de que Irán es el gran satán global al que hay que combatir,. Su obsesión es desandar cada paso dado por Obama, no importa en qué dirección ni con qué éxito. Sus acciones militares más destacadas consistieron en dar muerte a Abu Bakar al-Bagdadi, líder del Estado Islámico (ISIS), y matar al general iraní Qasem Soleimani, que más que una heroicidad fue un asesinato que contraviene las reglas internacionales. Soleimani fue clave para derrotar al ISIS en Irak y Siria.

El actual presidente ha demostrado ser un aliado poco fiable, más allá de sus excesos verbales con la UE. Dejó en la estacada a los kurdos sirios que le sirvieron de tropas en el terreno. Un segundo mandato de Trump sería bueno para los intereses de Putin en Siria y para los de Binyamin Netanyahu en todo Oriente Próximo. Biden volvería a la senda de la negociación en todos los escenarios, pero llegaría tarde con Teherán, que ya ha pisado el acelerador de su programa nuclear.

Biden volvería a la senda de la negociación en todos los escenarios, pero llegaría tarde con Teherán

Un ex jefe del Mossad (servicio de espionaje exterior israelí) sostiene que con Trump, Arabia Saudí establecería relaciones diplomáticas con Israel en pocos meses. Con Biden tardaría más y vincularía el proceso de reconocimiento a un acuerdo previo con los palestinos. Un presidente demócrata volvería al carril de los dos estados para solucionar el conflicto, pese a que también parece superado por los acontecimientos. Es significativo que Trump no lograra que Netanyahu hablara mal de Biden en una conferencia telefónica grabada con cámara. Bibi lleva demasiado tiempo sobre el escenario para dejarse sorprender en una estupidez.

Los demócratas son más propensos a iniciar guerras. Barack Obama, premio nobel de la paz preventivo, fue el campeón en el uso de drones para bombardear en Afganistán, Irak, Siria y Somalia. Estos aviones no tripulados no distinguen el terrorista de los civiles. Quedan focos activos de grupos yihadistas en Somalia, Siria, el Magreb y el Sahel, pero el gran choque de Biden se produciría con Putin, que lleva cuatro años sin un contrapeso. Los beneficiados serían la UE y China, que podría regresar a la pausa y a su escenario favorito: la paciencia.

La “vieja normalidad”

La pandemia aún no ha terminado. Nadie se atreve a poner fecha para el regreso de la “vieja normalidad”. Quizá después de la llegada masiva de vacunas eficaces en otoño de 2021, o más tarde. Lo ocurrido acortará los plazos previstos por la CIA, que fechaba el choque entre los imperios en 2050. China ya es una amenaza directa para la supremacía estadounidense.

El principal peligro de un segundo Trump es que pase del fanfarroneo a las acciones. Existen varios simulacros de guerra (juegos por ordenador), a los que son aficionados los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas, que sitúa a las islas del Mar de China como punto de fricción. Los juegos indican que EEUU perdería esa guerra regional con China, tal vez apoyada por Rusia.

Aunque con Biden regresaríamos a la negociación es posible que no sirva para frenar e invertir el declive. Ese es el peligro principal. A nadie le gusta reconocer que su tiempo glorioso ha pasado. Miren si no a los conservadores ingleses, aferrados a la bandera del ‘brexit’ como si fuera el último suspiro de la reina Victoria. En cualquier caso, sean pesimistas. Siempre es la manera más sencilla de acertar.

Ir al artículo fuente

¿Cuál es tu reacción?

Emocionado
0
Feliz
0
Enamorado
0
No estoy seguro
0
Gracioso
0

Los comentarios están cerrados.