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Trump pone a prueba el apoyo de los republicanos

Una de las historias centrales de la irrupción de Donald Trump en la política de Estados Unidos y de su heterodoxa presidencia ha sido cómo ha conseguido poner a todo el Partido Republicano bajo su control. La sumisión en cuatro años y medio ha sido casi total; la crítica, prácticamente inexistente. Políticos conservadores a lo largo y ancho del país y en Washington han sido sus ‘enablers’, los que por acción o por omisión han facilitado sus perturbadoras acciones. Ahora, con el mandatario lanzado en su asalto a la democracia, todos los ojos se vuelven hacia ellos.

Se vuelven porque los republicanos que controlan el poder legislativo en estados donde el ejecutivo está en manos de gobernadores demócratas, como Michigan, Wisconsin o Pensilvania podrían -si dan crédito a las acusaciones de fraude o ilegalidades que está lanzando sin pruebas Trump- no seguir el dictado de las urnas favorables a Joe Biden y enviar al colegio electoral-el órgano que elige al presidente- a su propios electores. Y se habría dado un paso determinante hacia la crisis constitucional.

Esa es, por ahora, solo una posibilidad. Y aunque en las últimas horas se han empezado a ver muestras de que algunos republicanos finalmente deciden romper filas con Trump, está por ver si, como ha sucedido tantas veces antes, sus palabras representarán solo una tibia declaración de denuncia al presidente o una verdadera ruptura.

Palabras

Después de que Trump compareciera el jueves en la Casa Blanca para lanzar de nuevo una diatriba llena de mentiras contra la legalidad de unas elecciones cuyos resultados no le son favorables empezó la lluvia de denuncias. Chris Christie, el exgobernador de Nueva Jersey que ha formado parte del círculo cercano de Trump, aseguró que minar la confianza en la legitimidad del proceso electoral es una “mala decisión estratégica” y una “mala decisión política” que “no se espera de alguien que tiene su cargo”.

Se escuchaba también la voz de uno de los pocos senadores que se ha atrevido antes a romper filas con Trump, Mitt Romney. “Está mal que diga que las elecciones han sido amañadas, corruptas y robadas”, escribía. “Está debilitando los cimientos de la república e inflamando temerariamente pasiones destructivas y peligrosas“.

Mensajes de similar dureza llegaban de otros senadores y congresistas, de gobernadores y republicanos recién elegidos. Y recorrían la inusitada ola de denuncia dos hilos comunes. Uno era la crítica a Trump por estar minando la confianza en el sistema y las instituciones, algo que en los últimos meses han tenido amplia oportunidad de denunciar y no han hecho. El otro es la falta de pruebas que sostengan las graves acusaciones del presidente.

El escurridizo McConnell

Mucho más escurridizo ha sido el poderoso líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, que en Twitter escribió: “Cada voto legal debe contarse. Todos los enviados ilegalmente no. Todas la partes deben poder observar el proceso. Y los tribunales están aquí para aplicar las leyes y resolver disputas. Así es como los estadounidenses deciden los resultados”.

Ese mensaje refleja todos los cuestionables equilibrios que suelen realizar los republicanos. Porque en la superficie parece una firme defensa del proceso democrático, pero incluye todo el lenguaje de la falsa y peligrosa narrativa que ha creado Trump. El presidente está tratando de diferenciar los votos presenciales de los emitidos por correo, más numerosos en la pandemia y favorables a Biden. Y cuestiona sin pruebas la perfecta legalidad de los segundos o la transparencia de su recuento, incluso cuando no hay ninguna información de las irregularidades o el fraude que el sugiere.

La amenaza de los Trump

Trump además sigue contando con fieles. Tras su incendiaria declaración del jueves recorrieron las televisiones acólitos como los senadores Lindsay Graham Ted Cruz o el líder de la minoría republicana en la Cámara Baja, Kevin McCarthy, sacudiendo los fantasmas no probados de fraude y repitiendo mentiras. Y cuando a Graham, que anunció que había donado medio millón de dólares al fondo para batallas legales que ha abierto la campaña del presidente, le preguntaron si los republicanos debían enviar electores por Trump incluso en estados donde había ganado Biden respondió: “Todo debe estar sobre la mesa“.

Los apoyos llegaban también del gobernador de Florida Ron DeSantis, que llamaba a “pelear” y “agotar todas las opciones“, o de la de Dakota del Sur, Kristi Noem, que aseguraba que los republicanos están luchando contra “sistemas electorales amañados“. Pero era en un tuit de Eric Trump donde estaba el mensaje más revelador sobre el poder que aún tiene el presidente: “¿Dónde están los republicanos? Tened un poco de agallas. Luchad contra este fraude”, escribía el hijo del presidente. “Nuestros votantes nunca lo olvidarán si os acobardáis“.

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