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Trump se enroca y comienza una purga en su gobierno

Enrocado, sin admitir la derrota, Donald Trump sigue como si la semana pasada no hubiera sucedido. A apenas 10 semanas de tener que abandonar el cargo, el presidente de Estados Unidos acaba de despedir fulminantemente a su jefe de Defensa, y prepara todavía más cambios, una purga integral. Su administración se niega a comunicarse con el equipo de transición de Joe Biden, y le niega por tanto el acceso a unos fondos y otros recursos necesarios. Y en la Casa Blanca, el jefe de personal ya ha dejado claro que como sorprenda a alguien enviando un solo currículum, será despedido fulminante.

Mark Esper, el jefe del Pentágono, se suma así a la larga lista de altos funcionarios despedidos sin alharacas y por medio de un mensaje en Twitter. «Mark Esper ha sido despedido. Quisiera agradecerle sus servicios», dijo el presidente el lunes en la red social. Le sustituye, en funciones, Christopher C. Miller, que hasta ahora era director del Centro Nacional Antiterrorista. El presidente Trump recordó en su mensaje en Twitter que Miller «fue confirmado, de forma unánime, en el Senado». Esa Cámara Alta debe aprobar todos los nombramientos ministeriales del presidente, pero es altamente inusual que lo haga en un periodo de traspaso de poderes.

El presidente llevaba semanas advirtiendo en sus mítines de cambios en su administración, una reivindicación personal tras ganar las elecciones. Pero Trump ha perdido, y se niega a aceptar el resultado, denunciando fraude. Aun así, ha iniciado la purga. Esper era objetivo prioritario, porque rompió filas en verano, cuando pareció criticar que el presidente usara a las fuerzas armadas para ahogar los disturbios y saqueos que llegaron a Washington con la protesta racial. En junio, Esper dijo que no creía que las protestas fueran una insurrección, algo necesario para poder desplegar plenamente a las fuerzas armadas dentro de las fronteras de EE.UU. Esper sí acompañó a Trump a hacerse un foto en una iglesia cerca de la Casa Blanca después de que la policía desalojara las calles aledañas con antidisturbios, granadas aturdidoras y gas pimienta.

Pocos cargos hay tan importantes en una administración norteamericana como el de Secretario de Defensa, y ahora lo ocupará alguien en funciones hasta la toma de posesión del nuevo presidente, el 20 de enero, con varios frentes de guerra abiertos y un repliegue en marcha en Irak y Afganistán.

En la campaña electoral, el presidente también planteó abiertamente la posibilidad de despedir al doctor Anthony Fauci, principal responsable de la lucha contra el coronavirus en EE.UU., que ha criticado alguna de sus decisiones más polémicas para luchar contra la pandemia. «¡Despide a Fauci!» fue uno de los cánticos más repetidos en sus multitudinarios mítines, sobre todo en el tramo final de la campaña. «Dejadme que pasen las elecciones», dijo el presidente en varios discursos. El presidente electo, Joe Biden, han anunciado que aunque Trump despida a Fauci, él lo volverá a contratar en su primer día en la Casa Blanca.

Este está siendo un periodo de transición insólito, como casi todo en la era Trump. Normalmente, a estas alturas, días después de que los medios hayan declarado un ganador, la Casa Blanca ya ha firmado unos memorandos de traspaso de poderes que le permiten al equipo entrante recibir recursos necesarios para preparar su llegada. Entre esos recursos se incluyen despachos, ordenadores, líneas telefónicas, direcciones de correo electrónico y cientos de millones de dólares para gastos de personal. Además esos memorandos le permiten a los funcionarios que se van compartir información crucial con los que llegan.

Pero la directora de servicios generales de la Casa Blanca, Emily Murphy, elegida para el cargo por Trump, no se pone al teléfono y ha ignorado las peticiones de la campaña de Biden, que ya se prepara para comenzar a tomar las riendas del gobierno. Un portavoz de Servicios Generales dijo ayer que de momento los resultados no son definitivos y que hay varias denuncias en marcha, por lo que no procede comenzar ese traspaso de poderes. «Aún no ha culminado la verificación, y esta administrador continuará cumpliendo con todos los requisitos establecidos por la ley», dijo esa portavoz, Pamela Pennington, en un comunicado.

Estas deberían ser también jornadas importantes para el equipo saliente de la Casa Blanca, que se enfrenta a la posibilidad, muy real, de quedarse sin empleo en enero. Normalmente no se vería con malos ojos que esos funcionarios, sobre todo los de menor rango, enviaran ahora currículums y pidieran recomendaciones a sus supervisores. Pero el jefe de personal de la Casa Blanca, John McEntee, uno de los más firmes defensores del presidente en los pasados años, ha hecho saber a todo el personal que despedirá de forma fulminante a quien mande un solo currículum, según reveló ayer la cadena CNN. La prueba de que las cabezas pueden rodar es el propio secretario de Defensa, despedido ayer.

También ayer, el jefe de la campaña electoral de Trump, Bill Stepien, reunió a puerta cerrada a la mayoría de los empleados en su cuartel general de Virginia, cerca de Washington, y les comunicó que van a seguir peleando en los tribunales hasta que los resultados sean definitivos. Aun así, los contratos de la mayoría de empleados duran hasta el 15 de noviembre, y nadie les ha comunicado que se les vayan a prorrogar. De momento, las varias denuncias presentadas por Trump por el recuento están siendo desestimadas por los tribunales.

La campaña republicana ha solicitado donaciones para su equipo de defensa legal, y para mantener una línea de teléfono para recibir denuncias de la ciudadanía que ha quedado colapsada por llamadas de bromistas, organizados a través de redes sociales como Twitter y TikTok. Esas donaciones también sirven, según la letra pequeña de los correos en que llegan, para liquidar la deuda que tiene la campaña del presidente, que acabó recaudando menos fondos que el demócrata Biden.

También reunió ayer a su personal el vicepresidente, Mike Pence, quien ha pedido que se cuenten todos los votos legales, pero no ha sido tan duro como el presidente en sus denuncias de fraude en las elecciones del pasado martes. Según dijo el propio vicepresidente en su perfil de Twitter, les dijo a sus empleados que «esto todavía no se ha acabado». «Vamos a seguir peleando hasta que se cuenten todos los votos depositados de forma legal», dijo Pence.

De momento, y tras pasar el fin de semana jugando golf en su club de Virginia, el presidente sigue en la Casa Blanca pero sin agenda pública de gobierno. Ayer, de nuevo, Trump compartió en Twitter varios mensajes de denuncia de fraude, que fueron etiquetados por la red social como engañosos. Sí se jactó el presidente de que las bolsas reaccionaran con euforia a la notica de que hay una vacuna que parece funcionar frente al virus.
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