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Trump sigue desde la Casa Blanca los resultados de las elecciones en EE.UU.

La suerte está echada. Tras una campaña maratoniana, Donald Trump está ya en la que ha sido su residencia los pasados cuatro años, a la espera del recuento. El presidente y su familia se encuentran en sus dependencias, en las partes más altas de la Casa Blanca. En la planta baja, en la solemne Sala Este, los operarios colocaban al caer la noche banderas y un cartel electoral con los nombres de él y el vicepresidente, Pence. Ante las banderas y el cartel, Trump cantará victoria, admitirá derrota o cualquier escenario que un largo recuento pueda dejar en medio.

Por la pandemia, y por las protestas, el ambiente en la Casa Blanca es tenso. Desde dentro, se oyen cánticos, gritos, tambores, como una especie de marabunta lejana, ansiosa por ver al presidente caer. Una valla de seguridad a prueba de asaltos rodea desde ayer la residencia del presidente y sus parques y jardines aledaños. Los manifestantes la han cubierto de carteles en contra de Trump, que piden la marcha de Trump, que maldicen a Trump. Dentro, el presidente llega a la reelección en un búnker, parapetado por las vallas y por los suyos.

En cierto sentido, así ha estado Trump estos pasados cuatro años. Washington es una ciudad que vota 90% demócrata, que ha declarado a su inquilino más famoso y poderoso «persona non grata». Ahora la capital se rebela de nuevo contra él, en las horas en que puede sufrir su derrota más humillante o su triunfo más contundente, con el que callar a sus vecinos.

No es común que un presidente, ante la reelección, dé un discurso de victoria o derrota desde la Casa Blanca. Las noches electorales se suelen pasar en otros sitios. Bill Clinton estuvo en Arkansas en 1996. George Bush, en un centro de convenciones en Washington en 2004. Barack Obama, en Chicago en 2012. Pero la pandemia ha limitado la capacidad de movimiento de este presidente, que en un principio sopesó dirigirse a la nación desde su hotel, que está al cabo de la calle, en la avenida Pensilvania, a mitad de camino del Capitolio. Pero la alcaldesa ha prohibido reuniones de más de 50 personas, por lo que cualquier fiesta en ese hotel hubiera sido una fiesta bastante desangelada, o pasto de denuncias.

Trump, es cierto, ha usado la Casa Blanca como no la han usado otros presidentes. Ha dado discursos de campaña, ha organizado parte del congreso político de su partido, ha hecho desde ella publicidad de productos cuyos empresarios le han apoyado.

El evento que Trump ha organizado en la Sala Este, donde cuenta con mayor autonomía, pues está en terreno federal, iba a contar con 400 invitados. Después el aforo ha sido reducido a 200, ya que la última vez en que hubo aquí un acto multitudinario, durante la presentación de la jueza del Supremo Amy Coney Barrett, la Casa Blanca se convirtió en un foco de contagio del coronavirus, y el propio presidente acabó infectado.
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