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Trump sobrevive a las encuestas y Biden se aferra al Medio Oeste

Como era previsible, sonaron las doce de la noche del martes 3 de noviembre, llegó la mañana del miércoles y EE.UU. no tenía un ganador en la lucha por la Casa Blanca. La afluencia de una gran cantidad de voto por correo en dos de los estados más decisivos, Michigan y, sobre todo, Pensilvania, auguran un recuento largo y complicado, que podría dar lugar a una guerra legal entre ambas campañas.

A falta de los resultado finales, la noche, sin embargo, fue positiva para Donald Trump. En una reedición de la de 2016, en la que el multimillonario neoyorquino se impuso a Hillary Clinton pese a su desventaja en los sondeos, el presidente tuvo un desempeño mucho mejor del previsto.

Al comienzo de la noche, su posición parecía débil en muchos territorios. El acumulado de encuestas de FiveThirtyEight daba a Biden ventajas cercanas a los dos puntos -dentro del margen de error- en Florida y Carolina del Norte, y una ventaja mínima en Georgia. En otros estados, como Ohio y Texas, Trump aparecía por delante con muy poca ventaja. Con el avance del recuento, Trump dio la vuelta a esa situación y se impuso o consiguió brechas considerables en todos ellos.

El presidente y sus más estrechos colaboradores siguieron el recuento desde la Casa Blanca, y mostraron optimismo desde el momento en que este ganó una ventaja decisiva en Florida. Eso significaba que la estrategia de Trump de cortejar el voto hispano, en concreto el exilio cubano y venezolano, dio resultados.

Golpe en Arizona
La excepción para las posibilidades de reelección de Trump fue Arizona, un estado cuya importancia es más simbólica que real, porque sólo tiene 11 votos del colegio electoral. Pero, en un resultado ajustado, podría ser determinante para las opciones de Joe Biden.

Desde que Arizona ingresó en EE.UU. nunca un republicano ha llegado a la Casa Blanca, o se ha quedado en ella, sin ganar en ese estado fronterizo. Pero los hispanos de origen mexicano, concentrados sobre todo en el sur del estado, han dado un impulso al demócrata, hasta el punto que la cadena Fox News le dio por ganador allí, algo que enfadó bastante a la campaña electoral del presidente. Ya de madrugada quedaba un 25% de votos por contar.

Partidarios de Trump siguen los resultados de las elecciones en Arizona, donde el voto de los hispanos de origen mexicano ha inclinado la balanza hacia Biden

AFP
Para la campaña de Trump, el largo recuento es una reedición de la noche electoral de 2016, y una confirmación de que su victoria no fue una excepción, resultado de una serie de injerencias de Rusia y la impopularidad de Hillary Clinton. Trump tiene una amplia base de seguidores, que se han movilizado para mantenerle en la Casa Blanca a pesar de sus problemas, como que la pandemia haya contagiado y matado a más personas en EE.UU. que en ningún otro país del mundo.

Las encuestas a pie de urna revelan que Trump ha mejorado bastante entre la gran mayoría de grupos demográficos con respecto sus propios resultados de hace cuatro años. Frente a 2016, el presidente gana un 2% de apoyos más de mujeres de raza blanca, un 4% más de hombres de raza negra, un 4% más de mujeres negras, y un 3% mas de hombres y mujeres latinos. Sólo baja un 5% entre hombres de raza blanca, según esos sondeos, de Edison Research.

El «cinturón de óxido»
La decisión final estará en los estados decisivos del Medio Oeste. Biden, que arrancó la noche con muchas vías diferentes para lograr la Casa Blanca, vio que sus opciones se reducían con el paso de las horas. A estas alturas, necesita ganar en dos de los tres estados del «cinturón del óxido» que Trump arrebató a los demócratas en 2016: Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Biden necesitará apuntalar su ventaja en Arizona y conseguir al menos dos de ellos. En el caso de que la combinación sea Arizona, Michigan y Wisconsin, Biden se impondría si logra el segundo distrito de Nebraska, que otorga un elector. Ese compromisario, una de las excepciones de la normativa electoral, que divide los electores que de Nebraska, desharía el empate entre Biden y Trump.

La mejor opción para la victoria demócrata era la reconstrucción de ese «muro azul» en la región industrial deteriorada, que votó al partido durante décadas, y que se entregó a Trump y su mensaje económico populista hace cuatro años.

El candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden, comparece tras conocerse los primeros resultados acompañado por su esposa, Jill, en Wilmington, Delaware

REUTERS
Será, sin embargo, un recuento largo y disputado. Desde hace días, se daba por seguro que en Pensilvania no habría resultados esta noche, y habría que esperar, al menos, un día más. Algo similar podría ocurrir en Michigan. Trump ya advirtió por Twitter entrada la madrugada que los demócratas estaban tratando de «robar» la elección, mientras que Biden, que habló desde Wilmington (Delaware) aseguró que «estamos en el camino de ganar».

Era el escenario más temido: un recuento largo, con acusaciones de fraude y declaraciones de victoria todavía no constatadas. En un país más polarizado que nunca, con la tensión política al máximo, haya preocupación porque un rechazo de los resultados provoque disturbios violentos y una crisis constitucional.
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