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Trump vuelve a buscar el favor de la extrema derecha en Kenosha

Una vez más, el presidente Trump desafió las recomendaciones de las autoridades locales y las leyes del sentido común en su visita a la ciudad de Kenosha (Missouri), a sabiendas de que añade más leña en el ya inflamado escenario de las tensiones raciales y los disturbios generados por los grupos armados.

La localidad se ha convertido en las últimas semanas en un foco de violencia tras el tiroteo de la Policía el pasado 23 de agosto contra Jacob Blake, de 29 años, un padre afroamericano que quedó paralizado desde la cintura tras recibir varios disparos por la espalda enfrente de sus tres hijos pequeños. La semana pasada, el menor de 17 años Kyle Rittenhouse, autodenominado miembro de un grupo de milicias armadas con la misión de confrontar las protestas, disparó también a muerte a dos activistas, hiriendo gravemente a un tercero.

Tras desoír los llamamientos de las autoridades locales y estatales conminándole a cancelar la visita, —como el del propio alcalde, John Antaramian, que sugirió esperar a que las tensiones en la población se calmaran por sí mismas—, el presidente descendió sobre Kenosha para llevar su mensaje electoral de «ley y orden» a un Estado ‘columpio’ crucial que Trump ganó por muy poco margen en 2016 y que intenta recuperar a toda costa en las encuestas. El líder republicano llegó acompañado del fiscal general, William Barr, y otros cargos de la Administración y defendió su visita a Kenosha señalando que ayudará a sanar las tensiones raciales.

A sabiendas de que el voto de los afroamericanos está en juego, —apoyo que ha subido en nueve puntos porcentuales en las últimas encuestas tras la Convención Republicana la semana pasada, (así como el de los latinos, aunque en menor medida)—, Trump enfatizó el respaldo de las comunidades a la Policía para combatir el crimen. Visitó brevemente una reunión de trabajo sobre seguridad comunitaria así como otros actos de oportunismo visual para ofrecer una imagen de ‘salvador’ de las tensiones raciales.

Sobre un posible encuentro con la familia de Jacob Blake, el presidente dijo que no estaba confirmado, aunque los allegados de la víctima no han mostrado interés alguno en reunirse con él. El presidente, adepto a instigar el odio racial y el miedo, puso de nuevo el dedo en la llaga de las tensiones con la defensa del homicidio extrajudicial de Rittenhouse en la víspera de la visita. Guiños de simpatía y latentes consignas de impunidad hacia la extrema derecha y los supremacistas, última carta desesperada de juego para un candidato en caída libre en las encuestas, y con cuya movilización espera crear el suficiente caos nacional para granjearle una victoria electoral de último momento en noviembre.

Y para más sal en la herida, en una entrevista televisiva del canal Fox el lunes por la noche, Trump llegó a comparar los abusivos tiroteos policiales contra individuos con la situación de los jugadores de golf que «se ahogan» cuando intentan conseguir «un hoyo a tres pies» de distancia. Adicionalmente, el mandatario echó a volar nuevas conspiraciones contra los demócratas alegando que su rival, Joe Biden, está ‘vinculado’ a cierto ‘estado de oscuridad’. En otro relato conspirativo, el presidente habló de un supuesto avión repleto de ‘matones’ con ‘uniformes negros’ que hubieran intentado irrumpir en la Convención Republicana la semana pasada. El presidente, experto en cambiar el tema de conversación a su conveniencia, trataba de asegurarse con ello que la atención del relato mediático se centrara en sus controvertidos comentarios en lugar de las tensiones raciales en Kenosha.

Y precisamente para evitar que el inquilino de la Casa Blanca acaparara la atención, la familia de Jacob Blake cambió la fecha de una barbacoa vecinal planeada para el domingo, y que incluía servicios de terapia para la comunidad, haciéndola coincidir con la visita de Trump. Justin Blake, tío de la víctima de los disparos, señaló que Trump «no ha sido un unificador» sino más bien un instigador que ha alentado mucho de lo que está pasando.

Sin protestas

Por su parte los grupos activistas no planearon ninguna protesta para no dar más publicidad a la visita presidencial. El propio Reverendo Jesse Jackson sugirió el lunes evitar «convertirse en escenarios» para la propaganda de Trump.

Por su parte, Joe Biden, que el lunes calificó a Trump de «presencia tóxica», anunció este martes una recaudación record de 300 millones en agosto, que coincide con la elección de Kamala Harris como candidata demócrata a la vicepresidencia del país. Y mientras, el líder republicano, en uno de sus arrebatos habituales en Twitter, volvió a negar anoche que el pasado noviembre sufriera una «serie de pequeños ataques cardíacos» de los que fue tratado en el hospital militar Walter Reed, un incidente que la Casa Blanca ha tratado de mantener fuera del ojo público tras su filtración a la prensa.

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