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Un único yihadista de Daesh causó la matanza de Viena

El grupo yihadista Daesh asumió ayer la autoría del atentado de Viena e identificó al terrorista que mató a cuatro personas e hirió a otras 22 como «un soldado del califato», según la nota difundida a través de Telegram. Otro comunicado, distribuido por la agencia Amaq, afín a los yihadistas, en el que se publicó una fotografía del extremista identificado por el nombre de guerra de Abu Dayena al Albani, se jactaba de las muertes perpetradas, pero no aportaba nada nuevo. El vídeo que el propio asesino había difundido antes del atentado, en el que empuñaba un kalashnikov, una pistola automática y un machete y juraba lealtad al nuevo líder del Estado Islámico, Abu Ibrahim al Qurashi, que sucedió a Abu Bakr al Bagdadi asesinado hace un año, no dejaba lugar a dudas acerca de su motivación. Las autoridades austriacas identificaron ayer al terrorista como Kujtim Fejzulai, de 20 años, nacido en Viena de padres albanomacedonios, con doble nacionalidad y previamente condenado a 22 meses de cárcel por querer sumarse a Daesh en la guerra de Siria. Constaba en los registros de islamistas radicales de Austria, pero no estaba vigilado porque la Policía no lo consideraba una amenaza real. Gracias a un curso de desradicalización logró acortar su condena y llevar a cabo en Viena lo que no pudo lograr en Siria.

Después de 20 horas de búsqueda en el centro de Viena, tras 18 redadas y 14 detenciones, la policía descartó ayer la participación de más tiradores. El ministro de Interior, Karl Nehammer, explicó que, una vez analizada aproximadamente la mitad de los 600.000 vídeos aportados por los ciudadanos, no había indicios de cómplices, aunque no se descarta que contase con apoyo exterior e incluso fueron detenidas otras dos personas en Suiza, también relacionadas con el asesino, que había sido abatido por la policía exactamente nueve minutos después de que comenzase a disparar indiscriminadamente contra paseantes y establecimientos.

Austria guardó ayer un minuto de silencio por las víctimas, una pareja de ancianos, un joven y una camarera en su último día de trabajo, y decretó tres días de luto nacional por lo que el canciller, Sebastian Kurz, calificó de «repugnante ataque terrorista». El jefe del gobierno, el presidente Van der Bellen y otros altos cargos participaron en una ceremonia de homenaje a las víctimas, prescindiendo incluso del confinamiento que había entrado en vigor pocas horas antes. Kurz desplegó al Ejército para proteger la capital y permitir así que la policía dedicase todos sus recursos a la investigación. Prometió que «los autores serán cazados y llevados ante un juicio justo». Y, ante las encendidas declaraciones de miembros del partido de extrema derecha FPÖ y a llamadas en las redes sociales a la «caza del musulmán», el canciller austriaco aclaró en su mensaje a la nación que «no son, nunca, todos los creyentes de una religión, nuestros enemigos; no son nunca las personas que vengan de un determinado país, sino que son los extremistas y los terroristas». «En nuestra sociedad libre hay tolerancia cero con la intolerancia», insistió, «aquí no se trata de una lucha entre musulmanes y cristianos o de austriacos contra extranjeros. ¡No! Se trata de una lucha entre las muchas personas que desean vivir en paz y unas pocas que desean la guerra. Una lucha entre civilización y barbarie en la que vamos a pelear con todos los medios a nuestro alcance». El discurso de Kurz, conocido por su línea dura contra la inmigración, era una llamada a la unidad y a no identificar al atacante con islam, aunque más tarde, en una entrevista que publicará hoy Die Welt, afirmó que «sueño con que los países europeos acaben de una vez con su idea de tolerancia mal entendida».

El rabino de la comunidad judía de Viena, Schlomo Hofmeister, dijo estar «preocupado» por si el ataque estaba vinculado a la sinagoga del primer distrito, algo que no llegó a probarse, como el origen de las armas utilizadas. Cuando se le preguntó sobre un informe periodístico al respecto del gratuito «Heute», el ministro del Interior eslovaco, Roman Mikulec, dijo en una emisora: «Teng información sobre que el atacante o uno de los perpetradores podría haber estado aquí y estaba interesado en comprar municiones». Tampoco ha sido aclarada la función del mono blanco que vestía el terrorista, motivo de confusión mientras numerosos testigos afirmaron haberlo visto al mismo tiempo en escenarios diferentes.
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